LA PESCA MILAGROSA

Día 92

DEVOCIONAL LEVITICO

Preparándonos para el encuentro”

Plan de Lectura: Lucas 5:1-16

Versículo Clave: ... Pero Jesús dijo a Simón: No temas, Desde ahora serás pescador de hombres. Lucas 5:10

 

En Palestina, los principales lugares para la pesca han sido a lo largo de la costa del Mediterráneo, y en el Mar de Galilea. El pequeño lago de agua dulce de la región, llamado de Genesaret, se convirtió en un centro industrial de la pesca de
gran importancia para el mundo judío.

Simón, también llamado Pedro, antes de ser discípulo de Jesús, ejerció el oficio de pescador. No cualquier pescador, ya que, a diferencia de otros, él contaba con su propia barca, posiblemente era un experto en todos los asuntos que competían a su labor. Desde el horario adecuado para bogar a las aguas marítimas, el uso de redes, los tipos de peces que abundaban en la región y otras cosas, sin dudarlo, Simón gozaba de gran conocimiento a la hora de realizar sus tareas pesqueras.

La perícopa bíblica que meditamos, es una narrativa que exalta la Majestuosidad del Señor Jesucristo.

El arduo trabajo de Simón no había rendido los frutos esperados, junto a otros pescadores, regresaron a la orilla del lago de Genesaret. El ánimo faltaba en aquella hora, el semblante caído era muy notorio, por lo que se dispusieron a
lavar sus redes y esperar que otro día les pintara mejor.

Mientras tanto, a escasos metros, el gentío se agolpaba sobre Jesús para poder escuchar el evangelio del reino. Inmediato, la mirada de Jesús tuvo contacto con aquellos pescadores frustrados que lavaban sus redes, sin dudarlo, se dirigió a estos.

Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Lucas 5:3

Después de enseñar, tuvo un pequeño dialogo con Simón, en el que le solicitó que remara hacia la profundidad de las aguas, y que lanzara una vez más sus extensas redes. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos trabajado, y nada hemos pescado... (Lucas 5:5)

La respuesta inmediata de Simón, ponen en conflicto la fe y la duda, la confianza y la desconfianza. Su experiencia como pescador le decía que era inútil intentarlo nuevamente, él sabía que Jesús era un Maestro, un experto en los asuntos religiosos, conocedor de los asuntos divinos, hasta conocía que era Sanador (había sanado a su suegra Lucas 4:38-39) pero, no alguien tan capaz de enseñarle sobre pesca. ¡Un carpintero diciendo a un experimentado pescador cómo pescar!

No obstante, Simón atiende fielmente a la instrucción de Jesús ...más en tu palabra echaré la red (Lucas 5:5b). La obediencia es mejor que cualquier limitada inteligencia.

Desde el momento en que la red hizo contacto con las aguas, los peces se amontonaron, pareciera que la naturaleza escucho la voz de Su creador, atendiendo la orden de juntarse sobre la red. ¡Milagro! enormes cantidades de peces sobre la malla, al punto de casi romperla. Los brazos extendidos de Simón
comenzaron a emitir señales a los otros pescadores, necesitaban manos que pudieran ayudarles. No cabía un pescado más en la barca de Simón, de la misma manera el bote de sus compañeros se hundía por la gran cantidad de peces
recolectado.

La pesca milagrosa se extendía no solo en beneficio de Simón, sino, en la de otros pescadores. Este es un ejemplo de la generosidad profusa de nuestro Señor. Cuando da, da sin restricción. “El da y da y sigue dando”.

El asunto glorioso de este acontecimiento, no queda en el milagro de la pesca, sino, en la Divinidad de Cristo para hacer estos milagros, y atraernos hacia Él.

Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Lucas 5:8

El asombro y el temor se habían apoderado de Simón, y no solamente de él sino de todos los que estaban con él y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo. Este milagro, ha dado evidencia contundente que Jesús no solo es Maestro,
sino, es el Señor.

La respuesta manifestada por Pedro al caer de rodillas, revela que Jesús es Dios, digno de culto y adoración. Presenciar la grandeza de Dios, es sinónimo de contemplar Su Santidad, desnudando al hombre y haciéndole ver su naturaleza
pecadora. En la presencia del Dios santo, el hombre pecador tiembla.

... Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron. Lucas 5:10b-11

Jesús conocía el corazón de Pedro, y la verdadera vocación de fe que manifestó a Su persona. Ahora Pedro, recibe el llamamiento de ser pescador de hombres. La razón por la que Jesús quería pescar hombres en la red de su evangelio y quería que sus discípulos siguieran su ejemplo era que ello constituía una parte importante de la tarea que el Padre le había asignado.

El requisito para ser un discípulo de Jesús continúa siendo el mismo, dejarlo todo y seguirle. Para ser específico: ¡estos hombres realmente dejaron sus peces, sus barcas, negocios, casas, familias! Aunque el llamado había sido hecho a Simón
solamente. Los demás discípulos entendieron correctamente que lo que Jesús había dicho a Pedro también les concernía a ellos.

Aquellos que reconocen su inmunda condición de pecado y aceptan a Jesús como el Dios veraz, omnisciente, omnipotente, santo y misericordioso son a quienes Él reconcilia consigo mismo. Les perdona los pecados, les quita el temor al juicio que ocasiona el pecado, y les comisiona la gran tarea de evangelización, de atrapar hombres vivos para el reino de Dios.

Cada vez que en las Escrituras presenciemos milagros y prodigios realizadas por Jesús, estos, no debieran ser el centro de nuestra predicación, más bien, el vehículo utilizado por Dios para reconocer la Deidad de Cristo, manifestando Su
gracia y verdad. Solamente Jesucristo es el Señor y es el único Ser digno de toda nuestra adoración. ¡Qué porción bíblica tan hermosa! Al meditarlo nos damos
cuenta que el propósito central es mostrarnos la poderosa palabra del Cristo Dios, a quien vemos cumpliendo la misión de reclutar discípulos para su Reino.

 

 

William Hendriksen, “Comentario al Nuevo Testamento”


John MacArthur, “Comentario del Nuevo Testamento”

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