MÁS QUE UN CONSOLADOR

DEVOCIONAL LEVITICO

“Preparándonos para el encuentro”
Plan de lectura: Hechos 1
Versículo clave:
“Todos éstos perseveraban unánimes en oración
y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús,
y con sus hermanos”. Hechos 1:14

 

 

La iglesia en Hechos se caracterizaba por la oración unánime y perseverante, incluso antes de consolidarse como tal. Los discípulos y las mujeres que también habían estado con Jesús seguían juntos orando y tomando decisiones importantes para el pueblo de Dios. Esto es lo que nosotros también necesitamos hacer: orar en comunidad. ¿Te reúnes con los hermanos de tu iglesia local solo para orar? ¿Con qué frecuencia asistes a las reuniones de oración? ¿En tus oraciones personales también incluyes las peticiones de los hermanos? No podemos vivir la vida cristiana sin la oración, pero tampoco sin la iglesia, pues ella es el cuerpo de Cristo y nosotros fuimos llamados a formar parte de Él.

Veamos brevemente algunas razones para orar junto con el pueblo de Dios.

  • Es la voluntad de Dios que nos reunamos como iglesia y le busquemos en oración.

Es interesante notar que Dios llamó a su templo no una casa de predicación, sino de oración, mostrando así su deseo de relacionarse con su pueblo (Isaías 56:7).

 

  • Nuestra vida espiritual es fortalecida.

Por medio de la comunión con los hermanos en oración el Espíritu Santo revitaliza nuestra alma. El Señor trae plenitud por medio de su Palabra leída, explicada y orada en medio de tiempos largos y cortos de oración con otros hermanos.

 

El Señor bendice la oración congregacional. Lo vemos en Mateo 18:19-20 cuando Jesús asegura que habrá respuesta a la oración de la iglesia que se reúne en armonía y confirma su presencia entre ese grupo de creyentes.

 

  • Nuestro orgullo es confrontado.

Al escuchar las peticiones de oración de otros hermanos en la fe acerca de sus necesidades, pruebas, ansiedades y luchas familiares o laborales, nuestro corazón se sensibiliza. Somos movidos a la compasión, pues sentimos el dolor que atraviesan.

En Santiago 5:13-16 somos llamados a orar unos por otros, y no podríamos hacerlo si el Señor no nos permitiera negarnos a nosotros mismos, aun nuestras propias peticiones en ese momento.

 

¡No dejemos de orar con la iglesia!

 

El evangelio nos muestra nuestro pecado, pero también el camino de regreso. ¡Volvamos nuestra vista hacia Él! Levantemos nuestra fe en el Dios que responde y nos da acceso a Él por medio de Cristo en oración. Por alguna razón Dios ha determinado, en su manejo soberano del mundo y los acontecimientos de la vida, que la oración juegue un papel vital, y manda que seamos parte de ello en la oración. El Dios que lo controla y conoce todo ha decidido, según su soberana voluntad, que sus hijos sean incluidos en la extensión y administración de su reino. Si queremos ver a Dios moverse en medio nuestro, debemos orar en comunidad.

 

 

 

Fuente:

“Por qué amo ir a las reuniones de oración en mi iglesia” por Leo Meyer en “La oración”, recursos Coalición. Pág. 59-65.

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